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Categoría: Familia

Vídeos mindfulness por edades

El estrés del día a día no sólo afecta a los adultos, sino también a los niños: el ajetreo diario, las discusiones con los amigos, las preocupaciones propias del desarrollo, las peleas con los hermanos, los exámenes, … Esto se traduce en conductas de malestar. Por ejemplo, están más irascibles, se les ve tristes, tienen dificultades para dormir, sufren pérdida de apetito o bajan su rendimiento académico. Las técnicas mindfulness pueden aportar herramientas para gestionarlo mejor.

Es importante, desde pequeños, enseñarles técnicas que les ayuden a gestionar esos momentos de estrés. El Mindfulness puede ayudarnos en esta tarea, pero, además, su práctica tiene otros beneficios:

– Ayuda a gestionar las emociones y la autorregulación.
– Fomenta la autoestima.
– Desarrolla la empatía.
– Aumenta la concentración.
– Favorece la toma decisiones de forma consciente y calmada.

En los siguientes vídeos, podréis encontrar diferentes actividades para practicar en familia. Ya sabéis: buscar un lugar tranquilo y ¡¡disfrutar del momento de paz!!

VIDEOS:

10-12 años:

8-10 años:

6-8 años

4-5 años:

2-3 años:

El desconfinamiento paso a paso, emoción a emoción

¡Volvemos al exterior! ¡Qué gran noticia! ¿O no? Durante la desescalada por el estado de alarma del coronavirus cada persona va a experimentar una emoción y la expresará de diferente manera. En lo que se refiere a niños y adolescentes puede que éstos no quieran salir de casa por diferentes motivos. Lo que se suele llamar, síndrome de la cabaña. A continuación, presentamos algunos de los motivos más relevantes y pautas para acompañarlos en su propia gestión del desconfinamiento.

En primer lugar, para ayudarles a gestionar estas emociones es importante que les demos una información clara, veraz, a la vez que tranquilizadora y ajustada a la edad y al nivel de comprensión del niño o adolescente. Responder a sus preguntas con un lenguaje sencillo y mostrando calma, les dará seguridad. Si no tenemos respuesta a lo que nos preguntan, comentar tranquilamente que no lo sabemos, pero que podemos buscar la información juntos.

Los más pequeños, puede que tengan “miedo al virus” y a “ponerse malitos por el coronavirus”. Podemos sentarnos con él o ella en un lugar tranquilo y contarles que ese “monstruo” se está yendo porque hay mucha gente que está luchando contra él. Que para ayudar a que desaparezca, cuando salgamos a la calle no podemos ir al parque, ni abrazar a un amigo si le vemos, y que hay protegerse con una mascarilla. Podemos hacer un dibujo o poner una pegatina encima de la mascarilla para romper la posible asociación con la enfermedad o que es algo malo. Además, es bueno que lleven algún muñeco o prenda que le haga sentirse seguro.

Los niños de 8-12 años, pueden sentir inseguridad ya que reciben más información del coronavirus y sus consecuencias. Además, es la etapa en la que aparecen los miedos evolutivos de la muerte y las catástrofes. Explicarles con claridad la situación (“La situación por el coronavirus ha mejorado y, para que siga así, tenemos que cumplir unas medidas de seguridad”) e informar a medida que dispongamos de los datos, de los pasos de la desescalada. Saber qué se puede hacer y qué no se debe hacer todavía, les ayudará a gestionar sus inquietudes.

La adolescencia es una etapa donde la figura de los amigos toma mayor relevancia que la de los padres, quieren más independencia y vivir más experiencias y, eso, ha desaparecido en los días de confinamiento. De ahí que su respuesta pueda ser más de rabia o desafío. Recomendamos hablar con ellos acerca de la responsabilidad individual y acompañarlos en su frustración con estrategias de escucha activa y empatía. Puede que prefieran quedarse en casa, en su nueva zona de confort. En ese caso, animarles sin obligar a dar una vuelta solos o acompañados con alguien de casa, incluso poniéndoles pequeños retos o tareas de 5 minutos al día para hacer fuera, en las horas permitidas. Esto les ayudará a cambiar sus rutinas e ir gestionando las emociones negativas asociadas a la nueva situación.

En definitiva, estar atentos a sus emociones y preocupaciones, y ayudarles a hacer frente a esta situación en familia, con estrategias de inteligencia emocional: escuchando y acompañando desde la empatía, con sensibilidad y paciencia: ingredientes para una educación en positivo desde la familia.

“El valor no es la ausencia del miedo, es la conquista de éste”
Anónimo

Juegos para estimular la atención

A través de nuestros sentidos estamos permanentemente recibiendo información tanto del exterior, por ejemplo, un ruido, como de nuestro interior, por ejemplo, nuestros pensamientos. Por ello, para llevar a cabo cualquier proceso cognitivo, aprender e, incluso, sobrevivir, necesitamos de la atención. Estimular la atención, por tanto nos permite estar despiertos y alerta, enfocarnos en un solo estímulo, mantener la concentración durante un largo período de tiempo, seleccionar la información relevante, cambiar de una tarea a otra o atender dos cosas a la vez.

También ayudará a que el desarrollo de la psicomotricidad del pequeño, tenga más garantías de éxito.

La capacidad de atender se va desarrollando a lo largo del crecimiento. Los bebés tienen una atención involuntaria orientada hacia los estímulos: si oye un ruido, gira su cabeza hacia donde se haya producido ese sonido. Poco a poco van enfocándose a estímulos de forma voluntaria y durante más tiempo: están desarrollando la atención sostenida. Es hacia el final de la infancia, aproximadamente 11 años, cuando se desarrolla una atención más dirigida: desarrollan habilidades para planificar o controlar impulsos. Empiezan a desarrollar las funciones ejecutivas.

Estimular la atención de los más pequeños con juegos

En el siguiente vídeo, encontraréis juegos para que los más pequeños aprendan a centrarse de manera voluntaria.
¡¡¡Atentos todos!!!

Resiliencia en las familias Alarcón

Hablar de resiliencia es hablar de la capacidad que tenemos de enfrentarnos a los problemas y superarlos de manera que salgamos fortalecidos de ellos. Es una actitud positiva ante la vida que nos protege y ayuda ante los vaivenes que experimentamos. ¡Qué maravilla! ¿verdad? La pregunta es ¿podemos ayudar a nuestros hijos a desarrollarla? La respuesta es ¡¡sí!! Desde una educación en positivo, acompañando desde la inteligencia emocional en la gestión de sus emociones, pensamientos y conductas, tanto desde la familia como desde el colegio.

Como indica el acrónimo de uno de nuestros programas principales CACEI (Colegio Alarcón Centro Emocionalmente Inteligente), creemos en la importancia del desarrollo de las habilidades socioemocionales, componente fundamental de la resiliencia. Por eso, a través de nuestro CACEI y de la forma de gestionar las conductas, pensamientos y emociones del día a día basada en la disciplina positiva, fomentamos desde pequeños, competencias como la empatía, la asertividad, la autoestima, la solidaridad, la responsabilidad, la escucha activa, o las relaciones en positivo … todo ello, características de las personas resilientes.

Estas habilidades para una vida resiliente podemos potenciarlas desde la familia a través de diferentes acciones:

  • Favorecer las relaciones sociales: con ellas los niños desarrollan e incrementan la empatía y la asertividad, entre otras habilidades, y generan un sentimiento de pertenencia al grupo que hará que compartan sus inquietudes y problemas con los demás.
  • Incentivar la ayuda a los demás: así se sienten valorados y capaces de hacer cosas por sí mismos, mejorando su autoestima y desarrollando valores como la solidaridad y el compromiso.
  • Establecer una rutina diaria: de esta forma los niños perciben que controlan la situación y les ayuda a reducir la ansiedad y la incertidumbre.
  • Animar a fijarse metas alcanzables: con lo que los niños aprenderán el valor de logro y a enfrentarse a los desafíos y a la frustración.
  • Fomentar el optimismo y el sentido del humor: ayudándoles a entender que el cambio es parte de la vida y a establecer nuevas metas. Siempre, después de la tormenta sale el sol.
  • Promover la autonomía y la independencia: su sentimiento de autoeficacia y autoconcepto se verán reforzados, desarrollando y aumentando sus fortalezas.
  • Enseñar a tomar decisiones y afrontar los problemas: ayudándoles a analizar las situaciones que suponen un reto o una exigencia, considerando los aspectos positivos y negativos y eligiendo la opción que más beneficios personales tiene sin dañar a otros. Asumiendo las consecuencias de ello, aprenderán a generar estrategias de afrontamiento, fortaleza y responsabilidad.

Hay que tener presente que los adultos somos el principal modelo de los niños. Por eso es importante el cómo nosotros afrontemos los problemas y cómo exteriorizamos esa gestión. La empatía, la capacidad de escucha y una actitud cálida serán su mejor apoyo para generar confianza y seguridad en sí mismos y llegar a desarrollar la resiliencia.

Estamos en un tiempo para las habilidades resilientes, tanto para desarrollarlas, madurarlas y ejercitarlas, como para protegernos y ayudarnos a resistir a la incertidumbre actual. Como dice este dicho de Albert Einstein:

En medio de la dificultad reside la oportunidad

Para más información podéis consultar estos enlaces:
www.healthychildren.org
www.apa.org

Juegos para estimular la psicomotricidad

Cuando somos pequeños, los movimientos que aprende nuestro cuerpo, producen un cambio a nivel motor, cognitivo, emocional y social. Por ello, estimular la psicomotricidad adquiere un papel importante en los primeros años de vida.

A través de ejercicios psicomotrices se favorece el desarrollo de áreas motoras como la adquisición del esquema corporal, el control del cuerpo, la lateralidad, la coordinación o el equilibrio, propiciando el juego con los iguales. A nivel cognitivo ayudan a mejorar la capacidad de memoria, la atención, la creatividad y la concentración. Además, el niño es capaz de enfrentar sus miedos, conocer sus limitaciones y expresar sus emociones. Todo ello hace que el autoconcepto y la autoestima se vean reforzadas.

Juegos para estimular la psicomotricidad

En el siguiente vídeo podréis encontrar una serie de juegos con los que desarrollar la psicomotricidad mientras se divierten. ¡¡A jugar!!

Encuentros Alarcón Familia-Colegio en formato online

Acompañando a nuestros hijos emocionalmente

“¿Qué está pasando?” “¿Cuándo va a terminar eso?” “¿Por qué tenemos que estar encerrados en casa?” Son algunas de las preguntas que seguramente vuestros hijos os han estado haciendo estos días de confinamiento obligatorio a causa de la pandemia por COVID-19 y sobre las que nos gustaría compartir algunos apuntes, dentro de nuestros Encuentros Alarcón Familia-Colegio que ahora realizamos en versión online.

Para ellos, y para nosotros, esta situación ha sido un gran cambio para nuestras vidas. Ha sido como una explosión, una ruptura de rutinas que ha supuesto aislarse en casa, aburrirse, no ver a sus amigos, no ir al colegio, ni siquiera salir a pasear, jugar al parque o quedar con los compañeros.

Y, ante esto, el remolino de emociones negativas surge: tristeza, enfado, negación, frustración, preocupación, incertidumbre, etc. Emociones asociadas a conductas que, si bien antes también se producían, ahora lo hacen con más intensidad. En niños pequeños: rabietas, lloros, retroceso en la adquisición de hitos del desarrollo (volver a hacerse pis), pesadillas, desobediencia, pérdida de interés por actividades que antes sí que las tenían. Los adolescentes pueden mostrarse más irascibles, faltos de colaboración, aislados, entre otras.

¿Y qué podemos hacer nosotros desde la familia? La clave está en tres palabras: respetar y aceptar que estas emociones son normales, acompañar a través de la escucha activa y gestionar con algunos tips o consejos que a continuación presentamos, siempre adaptados a la edad de nuestros hijos:

1. Ser modelo de gestión y conducta. Si ellos ven que estamos tranquilos y tenemos paciencia, ellos aprenderán a gestionar sus emociones de la misma forma. Y de igual manera, si ellos ven que nosotros realizamos nuestros hobbies y nos mantenemos activos, tenderán a hacer lo mismo.

2. Limitar la información que reciben. El aumento de información que recibimos estos días, hace que aumente la ansiedad, y la ansiedad nos lleva a buscar nueva información, lo que genera de nuevo ansiedad. Es importante limitar los flujos de información y trasmitir a nuestros hijos información veraz. Responder siempre a sus preguntas, con datos acordes a la edad. Aprovechar también los momentos que estéis juntos para hablar de otros temas que no tengan que ver con el coronavirus.

3. Escuchar. Es normal que estos días vivamos explosiones emocionales de alegría o de tristeza y frustración. Ante esto el mejor método es escuchar sin juzgar. Es importante que tengan el espacio para poder hablar y expresar sus emociones. Es bueno transmitirles lo que nosotros sentimos, para que ellos vean que todos pasamos por momentos difíciles y los podemos gestionar.

4. Hacerles sentir parte de la solución. Estos días es normal que surjan sentimiento de rabia o indefensión. A veces los niños o adolescentes se frustran porque quieren volver a sus rutinas. Comunicarles que lo que están haciendo es la solución a un problema. Indicarles que lo que hacen es muy importante y darles las gracias por el esfuerzo que están haciendo (¡aunque haya espacio de mejor!!!!).

5. Establecer rutinas donde se incluya la participación en las tareas de la casa, el deporte, los juegos en familia y alguna actividad novedosa que nunca hayáis realizado. Así, fomentaremos la autonomía y la autoestima.

6. ¡¡Dejar que se aburran!! No es necesario que estén todo el tiempo haciendo cosas. Aburrirse forma parte del desarrollo madurativo y ayudará a aprender a gestionar la frustración. Ver el aburrimiento como algo positivo da lugar a la creatividad.

A continuación, proponemos una serie de JUEGOS PARA HACER EN FAMILIA con adolescentes:
– Hacer concursos de cocina: un día concurso de pizzas, otro de comida americana, ¡o lo que se nos ocurra! Hay infinitos tipos de comida y a todos nos encanta comerlas.
– Tablas de ejercicio en familia: poner un video en alguna plataforma y todos juntos en familia ¡les encanta a todas las edades!
– Bailes familiares: a través de plataformas o videojuego como “Just Dance”.
– Recopilar fotografías antiguas: recordar momentos en familia, organizar las fotos e incluso redecorar la casa con algunas nuevas.
– Jugar a juegos de mesa: existen juegos entretenido para adolescentes como el Catán, el Doble, el Uno o el Stratego. ¡Seguro que a ellos se les ocurren un montón!
– Redecorar su cuarto u otra estancia de la casa.
– Escuchar conciertos de grupos de música online. Podemos aprovechar para descubrir ese grupo que tanto escuchan.
– Hacer un puzzle. ¡Es un gran reto para todos!
– Ver series en familia: se puede alternar según los gustos, para llegar todos a un acuerdo.
– Juegos online en familia o videojuegos.
– Realizar acciones sociales en familia: escribir una carta a residencias o colaborar con una acción humanitaria.

7. Utilizar el humor. Siempre es una buena vía de escape que soltará la tensión generada y hará que generemos dopamina, neurotransmisor implicado en emociones positivas.

8. Comunicarse con los demás. A través de vídeo llamadas individuales o grupales con los familiares y amigos. Su red social debe seguir permaneciendo. Una pequeña charla o unas risas con las personas más cercanas, desinhibe de la tensión. Dejar que esas comunicaciones estos días de confinamiento sean mayores que en circunstancias normales, donde hay otros espacios de comunicación social y convivencia.

9. Ser más flexibles, pero estableciendo límites. Es decir, tienen más tiempo, pero no por ello, por ejemplo, pueden estar toda la tarde conectados a la consola. Negociar con ellos un horario mantendrá una disciplina desde la tranquilidad. El horario puede ser para toda la familia. Todos tenemos que tener rutinas. Tener rutinas hace aumentar la seguridad ya que la sensación de control aumenta.

10. Aumentar la zona de confort. Muchas veces los niños más mayores y los adolescentes se encierran en su cuarto. ¿Dónde nos refugiamos todos cuando estamos tristes o cansados? En nuestra zona de confort; ese espacio donde estamos tranquilos. Ellos se encierran en su cuarto porque es un lugar donde se siente a gusto y seguros. Para conseguir que compartan otros espacios en familia, es importante aumentar esa zona de confort a otras zonas de la casa. Para ello evitemos hacerle constantemente preguntas (¿has estudiado? ¿has recogido tu cuarto?…) esto hace que vuelvan a encerrarse en sí mismo. Es bueno utilizar estrategias como contarles algo interesante que te haya pasado en el día, contar alguna anécdota de un familiar o compartir un espacio juntos viendo una serie o realizando alguna actividad.

11. Control del sueño: Es importante marcar unos ritmos de sueño. Ponerles una hora para levantarse entre semana hace que lleguen más cansados por la noche y se acuesten antes; lo cual facilita que se mantengan los ciclos nocturnos y puedan rendir mejor durante el día.

12. Respetar su espacio. En especial, los adolescentes necesitan sus momentos de privacidad. Si necesitan estar solos un tiempo, permitídselo.
Lo que los niños y adolescente necesitan estos días es sentirse seguros y queridos, aunque no tengáis señales de ello por su parte. Aceptar lo que está sucediendo y verlo como una oportunidad para mejorar el vínculo familiar, la comunicación y fortalecer valores como la solidaridad, el respeto o la responsabilidad. ¡¡Aprovechemos la crisis para aprender y crecer!!

Uso saludable de las TICs en niños y adolescentes ante el COVID-19

La actual restricción de movilidad supone la eliminación de cualquier actividad social o de ocio para los niños fuera de casa, y es normal que estos recurran a las pantallas más que de costumbre. Y no sólo por ocio, sino también para comunicarse con amigos y familia y para realizar las tareas escolares. En nuestras manos está promover un uso responsable y saludable de las TICs. Y os preguntaréis ¿CÓMO?

Lo primero es acordar cuándo se van a utilizar y para qué. Hay que mostrarse flexibles y que ellos sean parte de la toma de decisiones, pero finalmente llegar a un acuerdo. Durante la conversación del tema, es importante ofrecer argumentos de por qué hay que limitar el tiempo de uso como, por ejemplo, que la vista tiene que descansar, y que hay que establecer prioridades. Y para qué, como decíamos al inicio, a parte del ocio, es un buen momento para aprovechar la tecnología como una vía de aprendizaje utilizándola para juegos didácticos, vídeos que trasmiten valores, aprendizaje de actividades, practicar deporte o conversaciones de calidad con personas en la distancia.

Sean niños o adolescentes, debemos supervisar y guiar en el uso de las TICs. Una buena educación en el uso de los dispositivos móviles y consolas hará que le experiencia sea positiva y segura: informar de los peligros, resaltar la importancia de la privacidad, que conozcan los recursos que hay, etc.

Más que nunca hay dar ejemplo en el uso que hacemos de las nuevas tecnologías. Nosotros también debemos utilizar los dispositivos con responsabilidad durante estos días, si queremos que nuestros hijos hagan caso a las indicaciones que les transmitimos.

El uso de las nuevas tecnologías es inevitable, lo que debemos hacer es controlar el uso abusivo y los riesgos inherentes. Ofrecer alternativas como la lectura, los juegos de mesa, las actividades manuales, el deporte, la cocina e incluso, dejar que se aburran. Así, los hijos recibirán otro tipo de estimulación y les ayudará a vivir de una forma más tranquila.

Este período en el que dependemos de las nuevas tecnologías para trabajar y mitigar el gran aislamiento social que tenemos que cumplir, puede ser un buen momento para aprender a equilibrar nuestra vida online, disfrutar de la vida offline y promover una relación positiva con las TICs. ¡¡Conectemos con equilibrio!!

 

Para más información os invitamos a consultar estos enlaces:
https://www.unicef.es/educa/blog/uso-saludable-tics

https://www.pantallasamigas.net/

Peleas entre hermanos, ¿cómo gestionarlas durante la cuarentena por Coronavirus?

Las peleas entre hermanos son normales y forman parte de su aprendizaje social y emocional. Sin embargo, en esta situación de encierro excepcional, estas peleas pueden aumentar. Los hermanos pasan todo el tiempo juntos, se aburren, se sienten nerviosos, no pueden ver a sus amigos ni jugar con ellos, están preocupados…y puede que salte la chispa del encontronazo. Los gritos, llantos y malas caras hacen que el ambiente en casa, a veces, sea tenso y nos produzca una sensación de frustración, enfado y angustia.

Esperar que los niños compartan sus juguetes con sus hermanos o se muestren siempre cariñosos es una expectativa irreal. Los conflictos entre hermanos son algo natural y adaptativo. Adaptativo porque con los hermanos aprendemos a gestionar conflictos, resolver problemas, negociar, aceptar las diferencias e, incluso, manejar las luchas de poder.

Los adultos tenemos que ayudar a canalizar ese malestar y ayudarles a gestionar las peleas para que puedan desarrollar nuevas habilidades sociales útiles para su día a día y para el futuro.
En el momento de la pelea, debemos ser cuidadosos con nuestras intervenciones. Lo primero es mantener la calma y observar. Si no existe ningún peligro físico, hay que dejarles que resuelvan sus conflictos. De esa forma aprenden a regular sus emociones y a encontrar sus propias herramientas para gestionar la situación.

Cuando intervengamos es necesario no juzgar y mostrar la máxima neutralidad posible. Ambas partes se sentirán víctimas y, si nos posicionamos hacia una de las partes podemos, sin quererlo, fomentar la rivalidad o los celos. En vez de culpabilizar, tenemos que mantener una escucha activa, validando el malestar de cada una de las partes, y ayudándoles a identificar y expresar cómo se sienten. Tras ello, enfocarse en la solución y no en el problema. Probablemente necesitarán nuestra ayuda, sobre todo si los hermanos son pequeños, para buscar alternativas y soluciones que no dañen a ninguno.

En el día a día, podemos introducir algunos elementos para prevenir la agresividad física y verbal que dan pie a esas peleas entre hermanos. ¿Cómo lo hacemos? Pues con muchas actuaciones que conocéis y venís haciendo: educando en valores como el respeto y los buenos modales; poniendo normas y reglas; evitando los juegos y los visionados violentos; dando ejemplo con nuestro comportamiento ante un conflicto; no comparándoles: cada uno tiene sus necesidades y sus características y evitando cualquier rivalidad entre ellos.

Con estos pequeños consejos, los niños aprenderán a resolver conflictos, se sentirán respetados, su autoestima se verá reforzada y se generará más respeto y empatía entre los hermanos. ¡¡Y a disfrutar de la vida familiar!!

Aquí tenéis algunos enlaces donde podéis ampliar información:
Psicología Online
Educar en calma

Covid-19: Actividades para hacer con los niños mientras están en casa

Estos días en casa, por la expansión del Covid-19, no cabe duda que van a ser diferentes y pueden dar lugar a muchas oportunidades. Es importante ayudar a los niños a continuar con sus rutinas y que no dejen el ritmo de trabajo. También es un buen momento para realizar juegos y actividades en familia. A continuación, tenéis algunos consejos para esta situación excepcional en casa:

1. Hacer un HORARIO para cada día que incluya tareas escolares, descansos y tiempo libre. Mantener una hora de levantarse y de acostarse entre semana o de las comidas, aunque con cierta flexibilidad, nos ayudará a continuar con el orden y la rutina que ya teníamos. Es importante pactar la organización con los niños, aceptando algunas de las propuestas que ellos hagan.

2. Explicar a los hijos que no estamos de vacaciones y que es obligatorio dedicar varias horas diarias al ESTUDIO. Establecer una rutina de trabajo con un horario definido. Se aconseja que se mantenga el horario del colegio en donde realicen las tareas que les vayan indicando los profesores de manera online y consulten con ellos lo que necesiten. Puede ser útil utilizar reloj y timbres de aviso.

3. Permitir el USO CONTROLADO de televisión, videojuegos o móviles con fines lúdicos. Se debe incluir esta posibilidad en el horario pactado para el tiempo de ocio y descanso.

4. Ayudar a entender que hay que REDUCIR LA VIDA SOCIAL. Eso no significa quedarse encerrado en casa. Se puede salir a espacios abiertos al aire libre para pasear o hacer deporte, pero evitando al máximo lugares concurridos o quedando con los amigos o compañeros de forma grupal.

5. Promover el uso de JUEGOS y JUGUETES en los más pequeños para aprovechar los ratos libres. Los juegos de mesa o las cartas son una buena alternativa para entretenerse en familia. No hay que alarmarse si los niños dicen que se aburren. El aburrimiento es una oportunidad para la creatividad y la búsqueda de alternativas auto-gestionadas.

6. Animar a la LECTURA de esos libros que tienen en su estantería y que podían estar aún pendientes para cuando se tuviera tiempo. ¡Ahora es el momento! Con los niños pequeños se puede leer cuentos e historias que les agraden.

7. Colaborar en alguna de las TAREAS DOMÉSTICAS diarias: cocinar, poner el lavavajillas, regar plantas, etc. Conviene incluirlo en ese horario para los días de Alarcón en Casa. Todo ello contribuye a generar un sentimiento de pertenencia, responsabilidad y a utilizar el tiempo libre de forma positiva ayudando a la vida familiar.

8. EXPLICAR cuando lo requieran la situación excepcional en la que está la familia, respondiendo siempre a sus preguntas en un lenguaje tranquilo y escuchando sus dudas, temores o inexactitudes, teniendo en cuenta la edad de los niños.

9. Si los padres trabajan desde casa, se deben poner REGLAS para que respeten el espacio y el tiempo de trabajo. Señalar cuándo no pueden interrumpir y cuándo van a poder estar con ellos o resolver sus dudas, ayudará a tener un mayor rendimiento.

Con estas ideas, seguro que estos días se pasan de una manera más tranquila y agradable, aprovechando y disfrutando los momentos en familia.

Consejos para hablar con los hijos sobre el Coronavirus

Desde hace algunas semanas el Coronavirus ha impregnado nuestra vida de una forma importante y llamativa. Los niños y jóvenes están expuestos, como los adultos, a una cantidad abrumadora de información a través de los medios de comunicación y en las relaciones personales, que requiere de una importante dosis de discernimiento y equilibrio personal para distinguir lo que es realmente útil.

Como padres y educadores debemos guiar a nuestros hijos y ocuparnos de tres aspectos fundamentales a la hora de hablar del coronavirus: la protección de sus emociones, la protección de su salud y la prevención del rechazo a otras personas.

Respecto a proteger las emociones de los niños se aconseja a las familias:
– Evitar exponer a los niños a noticias y reportajes sean éstos con enfoque informativo o con enfoque sensacionalista. En los adolescentes, supervisar a qué noticias acceden y ayudarles a discriminar.
– No incluirlos en las conversaciones de los adultos sobre el tema, especialmente si son acaloradas, ni hacerles partícipes de bromas sobre el tema. Puede dar pie a interpretaciones confusas o a producir nerviosismo.
– Responder a todas sus preguntas y sus inquietudes de forma adaptada a su capacidad de comprensión y nunca de forma engañosa. Proponemos para los niños más pequeños utilizar este «librito».

Para proteger la salud la competencia que tenemos que estimular es la auto-protección. Las actuaciones necesarias en este ámbito son:
– Enseñarle el lavado eficaz de manos, según se está informando en estos días de forma exhaustiva.
– Ayudarle a identificar las circunstancias del día a día en que estamos en contacto con la suciedad, por ejemplo: tocar tierra, animales domésticos, o basura.
– Mostrarle y animarle a realizar comportamientos de higiene que protegen a los demás: usar pañuelos, no compartir cubiertos, vasos, etc.
– Animarle a contribuir a la higiene doméstica: tirar desechos a la basura, valorar la importancia de que la ropa y la vajilla esté limpia, etc.

Por último, la prevención de la violencia hace referencia a detectar que los niños y adolescentes, a partir de informaciones erróneas, es contextualizadas o malintencionadas, hablen de forma despectiva o tengan actitudes de rechazo a ciertas personas, por ejemplo «mi vecino chino es un coronavirus» «si tu abuela tose se va a morir». Aunque es comprensible que los niños sean más susceptibles de desenfocar la información que escuchan o les llega, los adultos de su entorno debemos reconducir las percepciones erróneas que detectemos, hablando con ellos, proporcionándoles informaciones basadas en hechos y animándoles a ser considerados con todas las personas, ya que cualquiera podemos vernos afectados por el COVID-19.

Y un apunte final. Nuestras palabras para ayudar a nuestros hijos a entender sus dudas, preguntas y actitudes sobre el COVID-19 deben ir siempre acompañadas de nuestro ejemplo. No tiene ningún efecto positivo si les decimos que hay que estar tranquilos y nos notan nerviosos en ese momento u otro cercano, o si nos oyen contar chistes que no saben interpretar, o no nos lavamos las manos a menudo, por mencionar algunas situaciones.

Podéis ampliar información en estos enlaces y si tenéis alguna duda podéis contactar con nosotros:

Colegio de Psicólogos de Madrid

Unicef

Aprender idiomas: Beneficios de un colegio multilingüe

¿Es beneficioso que mi hijo escuche varios idiomas? Aprender idiomas desde pequeño, ¿le facilitará el aprendizaje de otros? Exponer a un niño a diferentes sonidos puede generarnos dudas acerca de si repercute en su desarrollo o no.

Desde la neurociencia se ha comprobado que el cerebro de un niño que recibe varios estímulos lingüísticos va a tener que trabajar más. Ello implica, siempre y cuando no haya un retraso madurativo en el niño o de desarrollo lingüístico, varias VENTAJAS:

# Mayor flexibilidad cognitiva

Al tener que separar idiomas, necesitará centrarse y quedarse con lo relevante en cada momento. Su cerebro se ejercita; lo que supone que su atención y planificación se desarrollarán más rápidamente.

# Más capacidad de resolver problemas

Como está acostumbrado a cambiar de tareas con más facilidad, podría ser capaz de ver más alternativas y tomar decisiones más rápidamente.

# Mejores comunicadores

Cuando introduces nuevos idiomas los niños tienen que practicar más y tienen que observar distintos patrones sociales y de comunicación, lo que es una oportunidad para construir habilidades de comunicación social más efectivas.

# Mayor nivel cultural

El conocer otros idiomas supone también un acercamiento cultural a otras sociedades. Ello abre más la mente y puede hacer a la persona multilingüe más tolerante. Tiene acceso a más conocimientos de otros mundos sociales, literarios, culturales, etc.

Esta inmersión lingüista va unida a la madurez emocional del niño. Puede que haya niños que se sientan “ineficaces” en el idioma y eso les genere malestar. Por eso es importante ayudarle a gestionar sus inseguridades y reforzar sus avances. Desde el juego y de una forma natural conseguiremos una mayor eficacia en el aprendizaje y mayor bienestar en el niño.

Os invitamos a ver este vídeo que explica muy claramente los beneficios de aprender varios idiomas

Actividades extraescolares…¿son beneficiosas?

Según datos del Ministerio de Educación, más del 90% de los alumnos españoles de Primaria y Secundaria realizan actividades extraescolares y, algo más de la mitad, dos o más actividades a la semana, alargando la jornada “laboral” de los alumnos un 90%. Esto responde muchas veces a la sobrecarga laboral de los padres o al interés en la formación complementaria. Esto en sí mismo no es ni bueno ni malo. Tiene sus ventajas e inconvenientes, como todo.

Las actividades extraescolares permiten completar la formación del niño, así como conocer ambientes nuevos donde tiene la oportunidad de aprender a trabajar en equipo y a socializar con otros niños. La participación en estas actividades se han asociado a un “mayor rendimiento académico, menos problemas de conducta y mayores tasas de éxito en la vida adulta”, según Edin Radal, de la Universidad Loyola en Chicago. Se favorecen aspectos como la socialización, la tolerancia, el respeto de las normas y el entrenamiento en frustración, contribuyendo al desarrollo de la autoestima y de su personalidad.

Todas las consecuencias positivas desaparecen si la agenda infantil se encuentra sobrecargada. Esto provoca niños estresados, con ansiedad, cansados e incapaces de disfrutar del momento.

Se relega uno de los elementos más importantes para la maduración infantil: el juego, una necesidad básica y vital para su desarrollo personal. Además, los padres apenas tienen tiempo de hablar con sus hijos o de compartir tiempo de ocio, lo que puede alterar su relación con la familia y los amigos. Todo ello puede repercutir en el rendimiento académico del niño.

Según señala Jennifer Fredrick, profesora de Desarrollo Humano en el Connecticut College (EEUU) “El mensaje es que los padres deben encontrar el equilibrio y prestar atención a las señales del niño. Si parece que sufre estrés es necesario reducir las actividades. La participación en contextos extraescolares es beneficiosa para él, pero siempre que los padres se fijen en si el menor da o no muestras de sobrecarga”,

Lo más recomendable es una o dos actividades, sin sobrepasar tres, y pasar un tiempo de calidad con los padres, realizando actividades, jugando o hablando.

Cada niño es único y tiene un carácter diferente. Hay que escoger una actividad que favorezca su desarrollo personal, que la disfruten, se diviertan y estén motivados, que no tengan la sensación de que es “tener más colegio”.

Hay que tener en cuenta los intereses del niño. La función de los padres es la de orientar, no la de imponer: contar con su opinión y asesorarle dependiendo de sus gustos, su carácter y sus habilidades. Forzar a una actividad implica que probablemente el niño fracase y se refuerce una falta de capacidad de decisión y de escasa creatividad.

Es necesario hacer un seguimiento ya que los niños responden de manera diferente a las mismas actividades: conocer cómo está en el colegio, hablar con el propio niño y observar cómo es su funcionamiento personal y escolar ayudará a saber si es beneficioso para el niño.

La familia es importante para los hijos adolescentes…¡aunque a veces no lo parezca!

La etapa adolescente es única en la vida de las personas. Aunque hay múltiples manuales sobre la adolescencia, puede describirse como el periodo que se establece entre el comienzo del desarrollo biológico y hormonal de la pubertad, y la consecución de un rol estable en la sociedad. La presencia de la familia entorno al joven en esos años es fundamental.

El adolescente transita su etapa dejando progresivamente formas de hacer, sentir y pensar de su etapa infantil y adquiriendo, en ocasiones a base de ensayo-error, otra nueva forma en busca de estabilidad y ajuste acorde con su evolución.

En este proceso de “búsqueda de estabilidad” la función de los padres es fundamental. A veces podéis pensar que vuestro papel se ha quedado al margen y que los hijos no os dejan espacio en esa nueva vida. Es normal verlo así debido a la tendencia habitual de cuestionamiento a la autoridad que tienen los adolescentes y el desvío intenso de la atención hacia los amigos. Sin embargo, sois imprescindibles. Los padres sois la parte firme que les queda en todo este proceso de cambio, el apoyo y el consejo maduro en sus profundas dudas, el ejemplo o modelo adulto de comportamiento que sirve de referencia, el cariño que creen perdido en sus discusiones sociales, el amor incondicional. Aunque la convivencia con el adolescente parezca que no así, lo es y es bueno saberlo.

Todos sabemos que ser adolescente no siempre es fácil; es una edad muy intensa, con altos y bajos y llena de nuevas vivencias donde, el cerebro está en proceso de construcción creando nuevas conexiones y desechando otras menos usadas, de manera que se generarán nuevos pensamientos y conductas.

Cuando tengáis un momento, os proponemos que escuchéis la conferencia “EL misterioso funcionamiento del cerebro adolescente” de la neurocientífica Sarah-Jayne Blakemore que explica en líneas generales en qué consiste este desarrollo cerebral y la importancia que en él va a tener el entorno y la relación del joven con su familia:

Para terminar, os invitamos a reflexionar sobre todo lo que creéis que puede aportar vuestro hijo al mundo y el tipo de persona que os gustaría que fuera el día de mañana: alegre, sincero, generoso, responsable, humilde, empático… Ahora pensad, ¿cuánto de eso hay en nosotros? A través del ejemplo que le estamos dando hoy, podremos sembrar semillas para el futuro. ¡Entre todos empecemos el curso con energía y la ilusión de ser siempre un poquito mejor!

¡¡Ánimo!!

El camino hacia una autoridad positiva

“¿Debo poner normas y límites a mis hijos?” “¿Cómo hacerlo sin que parezca un tirano?” A lo mejor has tenido estos pensamiento en alguna ocasión. A veces, dudamos sobre si ser autoritario o no con los hijos. Puede haber varios motivos para ello: miedo a parecer excesivamente autoritarios, haber sufrido cuando eras niño un estilo autoritario que no te gustó, o poco tiempo para dedicarle a los hijos y ser firme. Estas dudas pueden impedir ejercer una autoridad positiva y, en ocasiones, se consigue el efecto contrario: que el niño se convierta en un “tirano”.

Para un adecuado desarrollo, los niños necesitan límites. De esta forma, los padres les proporcionan seguridad, les demuestran que les importan, y les proporcionan vínculos sanos, enseñándoles a convivir y a manejarse en el mundo que les rodea. Además, los límites bien aplicados contribuyen a aprender a autorregularse; es decir, a ponerse límites uno mismo según va avanzando la edad.

A la hora de ejercer la autoridad positiva es normal que los padres se equivoquen. ¡Qué no cunda el pánico! Lo que deja huella en el niño no es lo que se hace una vez mal, sino lo que se hace mal de forma habitual. En este punto es importante revisar en qué te has equivocado, reconocerlo y cambiarlo. Si no sabes cómo, puedes compartir tus dudas con quien consideres que puede ayudarte. Con ello, irán evolucionando tus habilidades como educador.

Cuando ejerzas una autoridad positiva, tu hijo debe sentirse en todo momento guiado, apoyado, apreciado y nunca juzgado, ni mucho menos rechazado. A continuación, se dan una serie de pautas que ayudan a este objetivo:

  • Lo primero es consensuar con la persona adulta que conviva en la familia(pareja, padre o madre, fundamentalmente)  las normas del hogar. Es crucial llegar a un acuerdo antes de presentarles las normas a los niños. Además, las normas deben ser revisables según el niño vaya creciendo.
  • Hablar con ellos de la forma más objetiva y descriptible posible. Los límites deben ser claros, con explicaciones breves y sencillas y de forma positiva (evitar presentarlos en términos de “no hacer tal cosa”, sino expresar de forma sencilla lo que hay que hacer) . Por ejemplo, “Cariño, después de jugar, recoge los juguetes y colócalos en el armario”.
  • Ofrecer libertad de elección. Esto es, tratar de ofrecer siempre dos opciones para que haga lo que queremos. Por ejemplo, “Hay que vestirse, ¿te pones esta falda o este vestido?”. De esta forma les enseñamos que sus deseos y emociones son aceptables.
  • Explicar por qué sin sermonear. Los sermones tienen efectividad cero. Cuando sea necesario, manifiesta la razón del porqué en pocas palabras. Es útil explicar brevemente la razón de la orden que se le da. De esa manera, se promueve el desarrollo de valores internos de conducta y el niño va creando su propia conciencia. Hablar con los hijos de los problemas, límites y normas e incorporarles al establecimiento de las mismas facilita su colaboración, y fomenta el desarrollo de su auto-control.
  • Valorar sus intentos y esfuerzos por mejorar. Cuando hables con él de su comportamiento acentúa lo positivo. Desaprueba la conducta, lo que hace; no a tu hijo. No es lo mismo decir “eres malo” que “eso está mal hecho”. De esta forma, no se sentirá rechazado ni se afectará su autoestima.
  • Ser firmes. Hay que aplicar el límite con firmeza. Por ejemplo, “Tienes que hacer los deberes, cariño”. Siempre de una forma positiva. Pare ello, hay que asegurarse que el niño esté quieto, hay que mirarles a los ojos, con un gesto suave, hablarle de manera clara y con un tono firme y seguro, sin gritos.
  • Ser consistente. Las normas son para cumplirse. Si cada vez le mandamos un mensaje distinto, no va a saber qué se espera de él y esto, aumenta la probabilidad de conductas inadecuadas.
  • Reconocer los propios errores. Nadie es perfecto, los padres, tampoco. Esto le dará seguridad y tranquilidad al niño, le anima a tomar decisiones, aunque se pueda equivocar.
  • Controla tus emociones y tu temperamento. Es más efectivo si hablamos desde la tranquilidad. Primero cálmate, respira profundo y, luego, corrige con disciplina positiva.

La escucha activa hacia los hijos puede transmitirles confianza en sí mismos y habilidad para manejar sus sentimientos y problemas. Tener autoridad positiva equivale a educar con sentido común, respeto y amor.

 

Una convivencia pacífica en casa es posible.

El pasado jueves 5 de abril, dentro de la programación de la Escuela de Padres del Colegio Alarcón para este trimestre, Silvia Allué, psicóloga del SERPAE (Servicio de Prevención y Atención al Acoso Escolar) del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón,  nos habló acerca de “Cómo ayudar a tus hijos a solventar sus conflictos”, con el objetivo de ayudar a alcanzar una convivencia siempre cordial en el núcleo familiar. 

Presentamos a continuación algunos aspectos importantes de su presentación.

Uno de los puntos importantes que nos señaló la especialista es el de la convivencia familiar como espacio donde se aprenden las estrategias y formas de afrontamiento de los conflictos en general. “La primera pregunta que debemos hacernos” -señaló- “es en qué valores, actitudes y comportamientos se basa nuestra convivencia en la familia”. Debemos intentar mostrar coherencia entre estos tres aspectos; es decir, hacer lo que pensamos y lo que decimos. Esta coherencia no es siempre fácil de mantener. Desde luego, no es cuestión de  “castigarse” por no hacerlo correctamente siempre, sino que tenemos que tener la capacidad de analizar qué es lo que hacemos correcto, qué es lo que no nos gusta de lo que hacemos, qué alternativas tenemos para hacerlo de forma diferente y cómo podemos seguir mejorando. Esto es importante porque en las familias se adquieren los primeros referentes para la convivencia con los demás.

La especialista nos señaló que es importante conocer los elementos que potencian y dificultan la convivencia positiva, con el fin de tenerlos en cuenta y ponerlos en práctica en nuestras familias.

Elementos que potencian la convivencia pacífica:

  • Autoconocimiento, autorreconocimiento y autocrítica.
  • Conocer, reconocer y aceptar a las personas que nos rodean.
  • Valorar positivamente la diversidad.
  • Sentimiento de pertenencia al grupo: la familia, el colegio, la clase y otros grupos.
  • La identificación y la expresión de sentimientos.
  • La asertividad.
  • La toma de decisiones.
  • La empatía.
  • La co-responsabilidad.
  • La solidaridad.
  • Tener habilidades de resolución de conflictos.
  • Manejar la frustración y la ansiedad.

Por su parte, estos serían los elementos que dificultan la convivencia pacífica:

  • La falta de comunicación en la familia.
  • Los celos y la envidia.
  • La inseguridad.
  • La falta de empatía.
  • Las comparaciones entre hermanos y con compañeros.
  • El valorar unas habilidades más que otras.
  • La búsqueda de atención.
  • La falta de tolerancia.

Para que la convivencia familiar sea pacífica, y con ello aprender habilidades de convivencia extrapolables a otros entornos, es importante generalizar los elementos potenciadores y reducir o eliminar en lo posible los elementos negativos.

En la charla la ponente manifestó que esta tarea no es fácil, ya que hay otros elementos que entran en nuestro día a día como los problemas laborales, el estrés, la falta de tiempo, etc.; sin embargo, nos anima a intentar funcionar de esta manera, reconociendo los aspectos que debemos mejorar, poniendo en práctica las mejoras, y consultando cuando se tengan dudas. Nos asegura que con la práctica y el empeño suficiente se logar una convivencia familiar eficaz en la solución de conflictos que , además, ayuda a los hijos a tener un buen escenario para aprender a gestionar los problemas de convivencia dentro y fuera de la familia.

Recomendamos el libro de Adele Faber y Ealine Mazlish titulado Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen. Este libro nos ofrece métodos muy útiles para promover la colaboración de los hijos y otros temas importante en su educación; pero especialmente para el tema de esta charla, el capítulo 1 que va de cómo ayudar a los hijos afrontar sus sentimiento, resulta bastante oportuno para que quien lo desee explore uno de los aspectos fundamentales de los conflictos: los sentimientos negativos que operan en este tipo de situaciones.

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