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Mes: enero 2019

Actividades extraescolares…¿son beneficiosas?

Según datos del Ministerio de Educación, más del 90% de los alumnos españoles de Primaria y Secundaria realizan actividades extraescolares y, algo más de la mitad, dos o más actividades a la semana, alargando la jornada “laboral” de los alumnos un 90%. Esto responde muchas veces a la sobrecarga laboral de los padres o al interés en la formación complementaria. Esto en sí mismo no es ni bueno ni malo. Tiene sus ventajas e inconvenientes, como todo.

Las actividades extraescolares permiten completar la formación del niño, así como conocer ambientes nuevos donde tiene la oportunidad de aprender a trabajar en equipo y a socializar con otros niños. La participación en estas actividades se han asociado a un “mayor rendimiento académico, menos problemas de conducta y mayores tasas de éxito en la vida adulta”, según Edin Radal, de la Universidad Loyola en Chicago. Se favorecen aspectos como la socialización, la tolerancia, el respeto de las normas y el entrenamiento en frustración, contribuyendo al desarrollo de la autoestima y de su personalidad.

Todas las consecuencias positivas desaparecen si la agenda infantil se encuentra sobrecargada. Esto provoca niños estresados, con ansiedad, cansados e incapaces de disfrutar del momento.

Se relega uno de los elementos más importantes para la maduración infantil: el juego, una necesidad básica y vital para su desarrollo personal. Además, los padres apenas tienen tiempo de hablar con sus hijos o de compartir tiempo de ocio, lo que puede alterar su relación con la familia y los amigos. Todo ello puede repercutir en el rendimiento académico del niño.

Según señala Jennifer Fredrick, profesora de Desarrollo Humano en el Connecticut College (EEUU) “El mensaje es que los padres deben encontrar el equilibrio y prestar atención a las señales del niño. Si parece que sufre estrés es necesario reducir las actividades. La participación en contextos extraescolares es beneficiosa para él, pero siempre que los padres se fijen en si el menor da o no muestras de sobrecarga”,

Lo más recomendable es una o dos actividades, sin sobrepasar tres, y pasar un tiempo de calidad con los padres, realizando actividades, jugando o hablando.

Cada niño es único y tiene un carácter diferente. Hay que escoger una actividad que favorezca su desarrollo personal, que la disfruten, se diviertan y estén motivados, que no tengan la sensación de que es “tener más colegio”.

Hay que tener en cuenta los intereses del niño. La función de los padres es la de orientar, no la de imponer: contar con su opinión y asesorarle dependiendo de sus gustos, su carácter y sus habilidades. Forzar a una actividad implica que probablemente el niño fracase y se refuerce una falta de capacidad de decisión y de escasa creatividad.

Es necesario hacer un seguimiento ya que los niños responden de manera diferente a las mismas actividades: conocer cómo está en el colegio, hablar con el propio niño y observar cómo es su funcionamiento personal y escolar ayudará a saber si es beneficioso para el niño.